Mi primera carrera de montaña

km15Transcandamiab

El pasado 7 de enero participé en mi primera carrera de montaña, la II Transcandamia (León) con un recorrido de 18 kilómetros y un desnivel acumulado de casi mil metros.

Es la primera carrera alpina que disputaba y tenía muchas incertidumbres. La que más me preocupaba era que tres días antes estaba en la cama con fiebre y llegaba sin haberme recuperado del todo. La segunda es que sólo había hecho unos pocos entrenos específicos de montaña y no sabía si serían suficientes para afrontar una carrera de 18 kilómetros. Y la tercera si tendría la equipación adecuada. Aunque esta última preocupación me la solucionaron unos Reyes Magos adelantados 😉 :

Unas  zapatillas de trail Salomon SpeedCross 3 preciosas, una malla larga y unos buenos guantes (¡puedo hasta manejar el teléfono con ellos puestos!)

La verdad es que pasé toda la semana nervioso por la carrera y me costaba dormir pensando en si sería muy duro, si haría mucho frío, con miedo a perder las zapatillas en el barro o a caer por culpa del hielo… en fin sólo pensaba en los desastres en lugar de pensar en lo bonito que podía ser.

Por fin llega el gran día

Nos levantamos a las 7 de la mañana para poder llegar a la carrera con tiempo suficiente… y vaya si tuvimos tiempo… ¡Tiempo de congelarnos!

Cuando bajamos del coche casi quedamos tiesos del frío que hacía, ¡2º que parecían -20º! Así que de frente para el bar (ya lo habíamos buscado por Google Maps 😉 a tomar un café caliente. Después, y con valor, salimos afuera y buscamos la mesa donde nos daban los dorsales, echamos un vistazo a la salida y… ¡vuelta al coche a entrar en calor!

Media hora antes de que empezase la carrera comencé mi calentamiento. La música sonaba a todo volúmen y todos tratábamos de entrar en calor lo más rápido posible. Di una vuelta por lo que serían los primeros metros y descubrí con horror lo que sería el último tramo de la carrera, una subida con una pendiente de más de 45º que no se como iba a superar. Ya estaba empezando a pensar si no me habría precipitado con querer correr carreras de montaña.

A pesar del frío hacía una hermosa mañana con todo el cielo azul y el sol desperezándose entre los árboles.

Vistas de León

Y así llegó la hora de la salida, por la megafonía llamaban a los “400 valientes” para que tomáramos posiciones. Todos juntitos para darnos calor saltábamos al ritmo de AC/DC y su “Highway to Hell”. Comenzó la cuenta atrás y todos gritábamos “10,9,8,7…¡YA!” y salimos, con más calma que prisa hacía lo desconocido.

El recorrido discurría por el Parque de La Candamia, un paraje lleno de pinos, encinas y robles y con una bonita vista de León al fondo.

TrackTranscandamia2013

Técnicamente no era una carrera de montaña sino un cross alpino ya que no alcanzaba los 1000 metros de desnivel para considerarse como tal pero eso no le restó una pizca de dureza y yo iba mentalizado para sufrir.

Perfil Transcandamia2013

Pero nada más empezar me di cuenta que iba a ser todavía peor…

salidaTranscandamia

El primer kilómetro lo hicimos en pelotón ya que fue la única parte más o menos llana del recorrido. Luego empezó el tobogan de subidas y bajadas y el grupo comenzó a disgregarse.

SONY DSC

No se si fue porque no me había recuperado bien de la fiebre o porque no había entrenado lo suficiente pero cada vez que encaraba una subida es como si subiera el Everest, trataba de respirar pero no cogía aire. A los dos kilómetros ya iba con la lengua fuera y encaraba la primera de las muchas subidas con más de 40º de desnivel.

Subida Transcandamia

La verdad, no se porque lo llaman carrera de montaña, yo más bien lo llamaría “un paseo por el monte”, y no lo digo porque fuera fácil sino porque hacia el kilómetro 6… ¡ya me había olvidado que había que correr! Las subidas y las bajadas eran tan pronunciadas que era imposible hacerlo corriendo.

Además con el frío que hizo por la noche había muchas zonas completamente congeladas y había que ir como mucho ojo, aunque yo con mis superzapatillas y sus tacos iba bastante seguro.

km3Transcandamia

Cuando llegué al primer avituallamiento en el kilómetro 7 creí que llevaba toda la mañana corriendo.

Estaba destrozando todas mis previsiones de tiempo… ¡pero mis peores previsiones!, marcando un ritmo medio de ¡9 minutos! A ese paso no llegaría ni para la hora de comer.

Comencé mi particular travesía por el desierto, corriendo cuando podía, tratando de no caer en las bajadas heladas y agarrándome a árboles, arbustos y raíces para poder subir las terribles pendientes.

A veces iba sólo, otras en pequeños grupos, pero la carrera marcaba el ritmo de cada uno. Eso si, había mucha gente animando y yo como iba con la camiseta de Asturias no pasaba desapercibido.

-¡Venga, que no se diga, a ver esa Asturias!

– ¡Ánimo asturiano que tú puedes!

Todo el mundo me animaba… muy mal me debían de ver…

Mientras avanzaba hacia el segundo avituallamiento en el kilómetro 13 iba meditando si retirarme o no, pensando en que cuando yo llegase a la meta ya no quedaría nadie…

Pero allí estaba Noelia, mi mujer, dándome ánimos así que me armé de valor, comí un poco de chocolate, bebí una botella de agua y continué como un ternero camino del matadero.

2ºavituallamiento

Afrontaba los últimos kilómetros y ya escuchaba la música sonar a toda pastilla. Bien, eso es que todavía queda alguien 🙂

Cada vez había más gente y todos nos animaban haciéndonos subir la moral.

…Y llega la última subida

Me paré, miré hacia arriba y casi no veía donde acababa, no sabía por donde empezar. Di un paso y patiné, lo intenté por otro sitio y también, menos mal que había alguien de la organización que me dijo: “agárrate a la cinta chaval”. No me había fijado pero la cinta que delimitaba la subida no era la típica roja y blanca, era una mucho más resistente que se podía coger sin que se rompiese, así que me agarré a ella y empecé la “ascensión”. Cuando llevaba 40 metros superé una colina y pude ver el final unos 80 metros más arriba, y allí estaba todo el mundo viendo como sufríamos en los últimos metros. Y entre el público estaba Noelia, que en cuanto me vió gritó:

-¡Ánimo José!

Acto seguido un chico que estaba a su lado, y que no conocíamos de nada, dijo:

-¡Venga José, ánimo!

SubidafinalTranscandamiab

Y después todo el mundo empezó a gritar mi nombre para darme ánimos, a cada paso que daba gritaban mi nombre y me animaban a continuar. Tuve que pararme un par de veces porque pensé que me desmayaba de lo extenuado que estaba, pero el aliento de mi mujer y de toda la gente gritando mi nombre me hizo sacar fuerzas no se de donde y conseguir llegar hasta el final.

Al llegar arriba tuve que aplaudirles porque sin esos ánimos no se si hubiese conseguido subir.

Sólo me quedaban 100 metros para llegar a la meta, recuperé el aliento e hice el último esfuerzo corriendo hasta entrar en la meta.

Allí había todavía más gente aplaudiendo a todos los que llegábamos para premiar nuestro esfuerzo.

Al final 2 horas y 49 minutos de un auténtico sufrimiento. Nunca había realizado un esfuerzo tan grande como durante esta carrera.

Ahora, pasados unos días de aquella “pesadilla”, y después de haber dicho que no volvería ni loco, ya estoy deseando que llegue la siguiente carrera de montaña para ver si de verdad es tan duro como parece o fue un susto de principiante.

…Y por supuesto el año que viene ¡volveré a estar en la Transcandamia!

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Empezando de cero

Me llamo José tengo 37 años y hace 6 meses que empecé a correr.

La verdad que lo que era “salir un poco a correr” para ponerme en forma se ha convertido  en una verdadera adicción.

Todo empezó porque me presenté al casting de un programa de televisión para vivir un “desafío extremo” y pensé que lo mejor era bajar un poco de peso.

En mi primera salida corrí 5 kilómetros y tuve que parar 3 veces porque no podía respirar.

Hoy 6 meses después, llevo casi 1000 kilómetros y no veo el límite.

Desde aquí iré contando mis inquietudes y mi evolución como corredor de fondo…

 

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